El origen de La Peluso Cicloturista, viene de querer rendir homenaje al mítico equipo Reynolds y no solo porque de ahí surgieron la mayoría de las grandes figuras del ciclismo, sino porque ahí es donde se dieron las circunstancias adecuadas para que surgiera el ciclismo moderno que vemos, vivimos y disfrutamos hoy en día.
Podría liarme a contarte toda la historia del origen del equipo, su relación con la empresa del papel de albal, el nombre de Peluso…pero eso ya os lo he contado en innumerables ocasiones, por lo que si te apetece conocer más sobre el origen e historia de la prueba, te recomiendo que eches un vistazo al artículo que hice en 2021 sobre La Peluso Cicloturista:
La Peluso Cicloturista sin tapujos
Hay marchas cicloturistas que se disfrutan, otras que se conquistan y luego…luego está la LA PELUSO XL.
Se trata de una prueba que no busca agradar. No quiere ser amable. No pretende regalarte una mañana bonita de ciclismo entre amigos. La Peluso está diseñada para ponerte contra las cuerdas, vaciarte las piernas y obligarte a descubrir cuánto eres capaz de resistir cuando el cuerpo empieza a pedir tregua: 153 kilómetros, 3100mD+ por puertos interminables y una climatología adversa que te deja la sensación de estar constantemente luchando contra algo mucho más grande que tu.Por eso decimos que LA PELUSO ni se disfruta, ni se conquista…LA PELUSO te la debes ganar.
El Infierno del Norte nunca perdona
La salida ya deja claro que esto no es una marcha cualquiera. El ambiente huele a café rápido, nervios y silencio contenido ya que todos saben lo que viene.
La carretera empieza a serpentear entre montañas y bosques húmedos, bajo un cielo gris que parece observarnos desde arriba esperando el momento exacto para atacar. En La Peluso no hay tregua meteorológica garantizada. Puedes pasar del sol al viento helado y de ahí a la lluvia en apenas unos kilómetros, y quizás esa sea parte de su magia.
Porque aquí no solo peleas contra el desnivel, peleas contra el clima, contra el cansancio y, sobre todo, contra tu propia cabeza.
El desgaste invisible
Lo duro de La Peluso no suele llegar en el primer puerto, ni siquiera en el segundo, el reto llega después.
Los kilómetros empiezan a acumularse, los grupos se rompen y las conversaciones desaparecen. En ese momento, cada ciclista pelea su propia batalla interior.
Es ahí donde LAPELUSO enseña su verdadera cara.
Las piernas empiezan a endurecerse. Los repechos parecen muros. El viento se convierte en enemigo. Y cada subida deja de medirse en kilómetros para empezar a medirse en voluntad.
Hay momentos en los que el cuerpo avanza únicamente porque la cabeza se niega a rendirse.
Paisajes espectaculares… si todavía puedes mirarlos
La Peluso atraviesa algunos de los paisajes más salvajes y espectaculares del norte. Bosques profundos, carreteras estrechas, montañas verdes y pueblos que parecen detenidos en el tiempo.
Pero la prueba tiene una curiosa capacidad de hacer que muchas veces apenas puedas disfrutar del entorno. Vas demasiado concentrado sobreviviendo y quizás eso, haga todavía más especial cruzar la meta.
Porque cuando todo termina y el pulsómetro por fin empieza a bajar, miras alrededor y entiendes dónde has estado. Lo que has atravesado. Lo que has soportado.
La meta no es el final
Cruzar la meta de La Peluso no se siente como terminar una marcha, Se siente como sobrevivir a una pequeña guerra: piernas vacías, la cara marcada por el esfuerzo, el cuerpo agotado pero, el corazón lleno por saber que has sido digno de la prueba.




