Hay pruebas cicloturistas y luego está la Quebrantahuesos…
Cada mes de junio, miles de ciclistas llegan a Sabiñánigo con un mismo objetivo: completar uno de los recorridos más emblemáticos del calendario europeo. Para muchos supone el gran reto del año; para otros, una tradición que repiten temporada tras temporada. Pero para todos significa enfrentarse a una jornada que combina esfuerzo, compañerismo, sufrimiento y la magia de los grandes puertos pirenaicos.
Origen de la Quebrantahuesos
La historia de la Quebrantahuesos comenzó en 1991 gracias al trabajo de la Peña Ciclista Edelweiss. Lo que nació como una marcha para unos pocos centenares de participantes se ha convertido en un auténtico fenómeno que reúne cada año a miles de aficionados procedentes de toda España y de numerosos países.
Su recorrido clásico, de aproximadamente 200 kilómetros y más de 3.500 metros de desnivel acumulado, atraviesa algunos de los puertos más conocidos de los Pirineos, como Somport, Marie-Blanque, Portalet y Hoz de Jaca. Lugares cargados de historia ciclista que han visto pasar a leyendas del Tour de Francia y que, durante un día, quedan reservados para los aficionados.
Pero la Quebrantahuesos es mucho más que cifras. Es madrugar cuando aún es de noche, compartir nervios con miles de personas en la salida, coronar puertos rodeado de espectadores y descubrir hasta dónde eres capaz de llegar cuando las piernas empiezan a protestar.
VLOG: ☠️ Quebrantahuesos 2026 ¡ TODO SALIÓ MAL! ☠️
Mi participación en la QH26
Ya sabéis que, como afectado de esclerosis múltiple, poco a poco me he ido alejando del mundo del mountain bike y abrazando de nuevo la disciplina de carretera.
Evidentemente, como ciclista extremo que soy…o era, tarde o temprano buscaría pruebas que me ayudasen a encontrar mis nuevos límites y evidentemente, la Quebrantahuesos es la prueba ideal para ello.

Después de meses preparando la prueba llegó el día de bajar (o subir…en Álava siempre bajamos a todos los lados) a Sabiñánigo, localidad que acoge el evento.
Llenos de nervios e incertidumbre aparcamos en la zona de las duchas, donde normalmente dejan a la gente quedarse pero…este año parecía que no iba a ser tan fácil, ya que nos echaron de allí y de un modo bastante amenazante, por lo que tocó dar vueltas hasta encontrar un sitio más adecuado.
Existe un espacio adecuado para las autocaravanas en la zona deportiva, donde el campo de futbol, pero es que está realmente a tomar por saco de la salida y recogida de dorsales.

Aposentado fui a por el dorsal y a la vuelta conocí a mi vecino «Joan-Michael», de origen africano, residente en Alicante y con 9 ediciones de la QH sobre sus espaldas.
Yo soy una persona que habla mucho pero os aseguro que al lado de Michael, soy un aficionado…jaja. Al rato se nos unió Elber, un colombiano afincado en Madrid y para rematar el cuarteto se nos agregó Juanma, otro alicantino también amante de los retos imposibles.
Gracias a su compañía la tarde pasó tranquila y Joan Michael, con gran precisión nos explicó los pasos que debíamos dar tanto para llegar al cajón como sobre como enfrentarnos a cada puerto.
Llevábamos una buena temporada con ola de calor y ese 19 de junio, no iba a ser menos. Llegamos a casi 40ºC, lo cual pagué más de lo que me hubiera podido imaginar.

Pese a que estuvimos a la sombra toda la tarde, bebimos mucha agua y no hicimos ninguna actividad deportiva hubo un momento en el que me mareé. Me mareé hasta el punto de meterme en la autocaravana para asentarme un poco, pero no se me terminaba de pasar, así que sin cenar un con bastante mal cuerpo me fui a la cama.
20 de junio: El gran día
Había puesto el despertador a las 5:00am, para estar en el cajón a las 6:00am y así no salir tan atrás, pero a las 4:00am un retortijón actuó de manera mucho más efectiva que cualquier campana y la hora que le gané al despertador me la pegué sentado en el WC.
Con el estómago hecho una piltrafa traté de desayunar, pero sin éxito, así que de esa guisa me planté en el cajón de salida para enfrentarme a 193kms y 3600mD+ con aviso por calor y humedad.
Después de una larga espera echaron el cohete que marcó el inicio de la QH26 y 20 minutos después…salimos nosotros…jajaja.

Evidentemente primero salen los participantes que en la edición anterior se ganaron un puesto en algún cajón de salida y después el resto, pero mover semejante masa de gente no es fácil.
Como suele ser habitual, la salida fue rápida, peligrosa y algo accidentada, donde hubo gente queriendo ganar la prueba desde el kilómetro 0, pero perdiéndola en el kilómetro 10 y lo digo de manera literal.
Íbamos por el tramo de la autovía, cuando nos vimos obligados a parar por una terrible caída masiva que se había dado en uno de los grupos de cabeza.
El paso por allí fue poco menos que impactante; bicicletas partidas, maillots destrozados, caras ensangrentadas y mucha gente sujetando a su compañero herido. Lo que más me llamó la atención eran los rastros de los geles reventados sobre el asfalto. No me preguntéis la razón, pero eso me sorprendió muchísimo.

La mayoría cogimos consciencia de lo que podría pasarnos pero no todos, ya que los trenes de alta velocidad, formados por pelotones de 30 personas, volando sobre el asfalto, haciendo zig-zag entre los miles de participantes ocasionaron bastantes situaciones de peligro.
Poco a poco los kilómetros fueron avanzando y tras cruzar Villanúa iniciamos la primera subida del día: Somport.
De repente me pita la GoPro 11 mini delantera, que se me quedó sin batería prematuramente como consecuencia del calor, así que me tocó parar, reconfigurar la disposición de las 4 GoPro que llevo y seguir.
Tomamos el segundo gel del día (el anterior había sido en la autovía) y nos pusimos a picar biela. El tiempo todavía era amable y estaba ligeramente nublado, por lo que la subida fue relativamente rápida y para cuando quise darme cuenta ya estaba arriba, por lo que barrita de guayaba y a por el tramo francés.

Durante la bajada eché en falta un cortavientos, ya que la parte francesa acumula bastante humedad y se acentúa más tanto el frío como el calor, algo que sufriríamos en Marie-Blanque.
En bajada y con bastante velocidad llegamos a los pies del segundo reto del día, el temido Marie-Blanque, un pequeño puerto de montaña que esconde trampas del 14% en su parte final, así que ¡un gel y para adelante!
Inicias el ascenso tranquilo, cogiendo altura poco a poco, mientras te vas adentrando en una carretera boscosa. En los primeros kilómetros de ascenso ya se van viendo personas caminando, con la bici al lado, imagen que, a medida que vamos cogiendo altura, se va haciendo más común.
Las rampas y el calor, unidos a una alta tasa de humedad, van compactando la horda de ciclistas y pedalear cada vez es más complicado; personas que se bajan, otras que se cruzan y alguno que incluso se cae como una fruta madura.

Hubo un momento en el que un ciclista se nos cruzó al ver a un amigo, pero como si fuera el solo por una avenida, lo que provocó que varios tuviéramos que echar pie al suelo. No voy a decir que no me viniera bien tomar algo de aire, pero ostras….madre mía, ¡cómo se puede uno cruzar así en medio de un pelotón tan compactado!.
Con menos alegría que en el Somport, coroné el Marie-Blanc, tomé una guayaba para mantener la ingesta de hidratos y cuesta abajo nuevamente hasta el kilómetro 119, donde empieza el verdadero «coco» de la prueba, el Portalet.
Con 1000mD+ y 30km de ascenso, su dureza no radica en las rampas, sino en una subida tendida, más larga que un día sin pan y bajo un sol que ya nos marcaba los 39ºC. La tasa de humedad no os la puedo decir, pero os reconozco que nunca había sudado de esa manera tan bestia.
Para ese momento me había petado la segunda GoPro 11 Mini, así que tuve que apañarme con la GoPro 4 y la GoPro 11 Black, que uso para grabar los comentarios on Board.

Me tomé un gel al inicio del puerto y poco a poco empecé el ascenso. Mi estomago me había ido más o menos respetando hasta allí, pero a medio puerto comencé a tener un fuerte dolor de tripas, tanto que cuando llegué al avituallamiento del kilómetro 139 estuve a punto de retirarme, aunque mi orgullo me impidió hacerlo.
Estaba excesivamente recalentado y sudando como un pollo, pero como iba bebiendo continuamente y tomando pastillas de sales 226ers cada hora, la hidratación estaba bien. Al final me paré en un caño que había a pie de carretera y aproveché para mojarme tobillos, muñecas y nuca. Cuando bajé la temperatura un poco, me animé a mojar pies y cabeza. Algo más fresco pero sin fuerzas, seguí cuesta arriba en lo que parecía una marcha de moribundos.
Hay una cosa que os debo reconocer y es que, por muy cansado que vaya, nunca me faltan fuerzas para admirar el entorno que me rodea y Pirineos siempre me llena muchísimo.
Gracias al paisaje pude distraerme del dolor de estómago y, a las 16:14pm conseguí coronar el terrible Portalet. Me costó un total de 3h 10m algo que normalmente hago en la mitad de tiempo, pero sin esas condiciones tan duras, evidentemente.

Hacía tiempo que había dejado de lado el objetivo de hacer algún tipo de tiempo o lograr ninguna medalla, simplemente quería asegurar ser finisher de la Quebrantahuesos 2026, así que en el avituallamiento de Formigal, tomé algo de Coca-Cola para dar un poco de alegría al estómago y después de me dediqué a estirar cuello, omóplatos y espalda para enfrentarme con alguna garantía al último monstruo de la jornada, Hoz de Jaca.
A las 16:30 me puse en marcha y es ahí cuando me entero de que nos acababan de cortar el paso. No daba crédito a lo que oía, ya que yo tenía apuntado el corte de tiempo de las 16:30 en el kilómetro 139 pero está visto que se me movió una barrita de separación, porque el corte era a un kilómetro cuesta abajo de donde estaba en ese momento.
No os hacéis una idea del disgusto que me pegué…tanto esfuerzo y sufrimiento para nada. Si hubiera bebido algo y salido seguido hubiera pasado el corte y podía haber estirado después. ¡Mierda, que bobo soy!
Bastante enfadado y frustrado hice los kilómetros restantes pedaleando con mucha rabia, tanta que acabé llevando a un grupo a más de 40km/h, bueno, a los que consiguieron aguantar, porque la mayoría se acabaron descolgando.
Pasamos el arco de tiempo y unos kilómetros más adelante, llegamos al punto de donde habíamos salido.
Una vez en Sabiñánigo…
Después de no poder tragar la pasta ni el yogur que nos dieron, cogía la medalla-recuerdo de la prueba con una penalización de 2h por el paso de Hoz de Jaca y me retiré a la autocaravana, donde encontré a Joan Michael que acababa de llegar también.
En un adelantamiento muy poco afortunado, otro participante lo tiró en la bajada del Somport y estaba el pobre todo magullado.
Me comentó que Juanma se acababa de ir pero Elber se había visto involucrado en la montonera que vi al principio y estaba bastante magullado, así que en vez de irme a casa, decidí quedarme para verle y tratar de echarle una mano en lo que fuera posible.

Al de un rato ahí que nos aparece lleno de vendas, rozaduras y una clavícula claramente rota, ya que le asomaba un pico hacia arriba. Aún así, el tío se cascó las QH26 en 6h45m…madre mía, que loco está este colombiano.
Al final, decidimos quedarnos todos juntos a cenar unas pizzas y tratar de terminar en positivo lo que había sido una jornada bastante catastrófica.
Conclusiones sobre la Quebrantahuesos 2026
Evidentemente he de reconocer que la Quebranta es todo un espectáculo. El año pasado lo pude saborear en la Treparriscos 2025 y este año lo he consolidado en la hermana mayor, la Quebrantahuesos.
El ambiente es increíble, desde el momento que llegas, con la feria, los miles de ciclistas…pfff, indescriptible, sinceramente, hay que vivirlo. El problema viene en el momento en el que suena el cohete y el sentido común se queda en el coche.
La gente circula como si fuera sola por la vía, sin tener en cuenta lo que el resto de gente pueda o necesite hacer.

Los pelotones rápidos son el mayor peligro, ya que te adelantan de tal manera que cada vez se te cierran más, hasta el punto de que el cuarto o quinto ya te pega con el manillar, obligándote a echarte a un lado, con el consecuente desplazamiento lateral de todo el pelotón que tienes tu a tu derecha.
Sinceramente mucho peligro que me hace plantearme seriamente no volver a la Quebrantahuesos, ya que no me merece la pena semejante riesgo.
El recorrido en si…bueno, es Pirineos, que te voy a decir: espectacular. No hay nada feo, pero si hay algo con lo que he de quedarme, sin lugar a dudas es con el factor humano de la prueba. Desde la gente de los avituallamientos, que es encantadora, hasta los que están en las curvas animado y echando agua a los pobres penitentes, el gran factor de la QH es el humano.
Bueno Hellbiker, ¿Has participado en alguna edición de la Quebrantahuesos?¿Qué opinión tienes sobre esta prueba cicloturista?











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